
Roberto Lavagna, el ministro de Economía
que ve cómo la economía se recupera de a poco. |
 En economía, la
gran pregunta es cuál es la garantía para crecer
¿Es cierto que alcanza con estimular las exportaciones? ¿No es la
inversión la clave? ¿Qué significa el aumento de las importaciones? ¿Qué papel juega
el consumo? ¿El excedente comercial es un mito para acreedores? La respuesta de los
especialistas. |
Por Claudio Scaletta
Mientras se discuten los efectos que un acuerdo con el FMI tendrá sobre las variables
financieras y la recuperación del crédito, la economía real muestra signos de una
paulatina recuperación en algunas de sus variables. Sin embargo, ante cada nuevo dato
estadístico sobre la evolución de la economía se suman análisis que, leídos en
conjunto, pueden parecer contradictorios. ¿Las exportaciones serán el motor del
crecimiento? ¿Qué pasa con la inversión? ¿Cuánto puede aportar el consumo a la
demanda global? ¿El aumento de las importaciones puede terminar con el superávit
comercial? ¿Qué pasará con los ingresos de la mayoría de la población?
En el último informe semanal de la consultora KP&M se analizan los componentes del
Producto (o de la demanda agregada) utilizando el recurso de aislar el comportamiento pos
crisis de las distintas variables. Como resultado se obtiene una primera aproximación
para definir el componente que mayor aporte realizó a la salida de la recesión. Tomando
entonces al primer trimestre de 2002 como base 100, se obtiene en el primer trimestre de
2003 que el PIB está en 105,1, el consumo público en 100,5, el privado en 101,3, las
exportaciones en 105,8, las importaciones en 113,9 y la inversión en 118,7. Estos
resultados son contundentes: muestran que el consumo, público y privado, evolucionó muy
por debajo del crecimiento del PIB, y que las exportaciones apenas lo acompañaron. Los
dos variables estrella fueron las importaciones, que se recuperaron casi del 14 por
ciento, y las inversiones, que lo hicieron en un impresionante 18,7 por ciento.
Al margen de los errores que pueden surgir de la extrapolación de los números de un
período acotado (sería necesario observar los niveles de los indicadores en, por lo
menos, los dos años anteriores para ver el rebote post crisis), antes de
sacar conclusiones conviene considerar cuál es el aporte al producto de cada uno de estos
agregados. Según el último informe de la consultora Ecolatina, el consumo, público y
privado, del primer trimestre de 2003 (197 mil millones de pesos a precios constantes de
1993) fue 6 veces superior a la inversión y 12 veces mayor que las exportaciones netas.
En otras palabras, el consumo equivale a las tres cuartas partes del PIB.
Estas cifras llevan a preguntarse, primero, cuál puede ser el aporte del consumo al
despegue del producto y, segundo, cuál es el significado del aumento de las importaciones
y la inversión.
Ecolatina aporta una primera respuesta. Es claro que en un contexto de
subutilización de la capacidad instalada, factores de producción disponibles y una
oferta excedente, el problema es acelerar la demanda, dice. Sin embargo, este
razonamiento sólo es válido para el mediano plazo. En el largo, la consultora fundada
por el actual ministro Roberto Lavagna considera que el crecimiento es un fenómeno
de oferta y depende del crecimiento de la inversión y de las ganancias de
productividad.
Acelerar la demanda equivale a que crezcan los consumos públicos y privados.
La proyección de Ecolatina es que en 2003 el consumo se expandirá alrededor del 4 por
ciento. Esto es mucho más que en 2002 y apenas un poco menos que el 4,1 proyectado por la
misma consultora para 2004. Además, si se considera una tasa de crecimiento del 3,8 por
ciento para el período 2005-2008, recién en 2007 se alcanzarán los niveles de consumo
de 1998. La conclusión es que en las actuales condiciones sólo puede esperarse un
crecimiento muy gradual del consumo y siempre atado a la evolución del mismo producto que
debería impulsar. En el Ministerio de Economía creen que la recuperación del ingreso
real será lenta, pero que, en un contexto de crédito restringido y tasas de interés
siderales, existirá el auxilio del desahorro de los sectores medio altos y altos. De
redistribución del ingreso por ahora nadie habla.
Si el consumo será la variable mediocre, la pregunta inmediata sigue siendo
cuál o cuáles serán los indicadores que pueden impulsar el crecimiento. Durante la
administración de Eduardo Duhalde se insistía en que, merced al violento cambio de los
precios relativos, este papel sería cumplido por las exportaciones, pero las cifras se
encargaron de negarlo. A pesar de la devaluación, las ventas al exterior, luego de caer
el 5 por ciento en 2002, apenas se recuperan en lo que va de 2003. Estos números obligan
entonces a buscar en otro lado, en los datos que dan bien. Y allí está la
inversión, cuyo crecimiento proyectado para el año es del 21,5 por ciento, valor que
incluye lo que el Estado proyecta gastar en un ambicioso plan de obras públicas, de
gran efecto multiplicador sobre la economía.
Retomando las cifras de KP&M, la proyección de crecimiento de las inversiones se
realiza sobre la base del resultado positivo que ya registran. Como mostró indirectamente
el último informe de coyuntura del Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de
la Argentina (Cespa) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, este crecimiento
guarda una estrecha relación con el aumento de las importaciones, el otro de los
indicadores que, según como se mire, da bien.
El estudio del Cespa muestra en detalle lo que podría haberse concluido más
superficialmente observando los gráficos de tendencia desde 1998. Que la caída del 55
por ciento en las importaciones durante 2002 se debió principalmente a la recesión y
sólo mínimamente al efecto sustitución provocado por la suba del dólar.
Sin embargo, y aquí está la relación con el comportamiento de las inversiones desde el
último trimestre de 2002, la variación del tipo de cambio provocó una alteración en la
composición de las compras al exterior. De los tres rubros principales, bienes de
consumo, intermedios y de capital, son los dos últimos los que más rápido se
recuperaron. En otras palabras, se confirma la vieja característica estructural de la
economía argentina: que las importaciones están directamente vinculadas al nivel de
actividad. También que el superávit comercial sobre el que tantas cuentas sacan los
acreedores de la Argentina es un fenómeno puramente coyuntural. De acuerdo con los
cálculos del Cespa, con un PIB equivalente al de 1998 (y con su misma composición) las
importaciones alcanzarían, si todo lo demás se mantiene constante, los 27 mil millones
de dólares, con lo que el excedente comercial tiende a desaparecer.
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