Riesgo de bailar al son del FMI
Por Alejandro Marco del Pont
Director de KP&M |
Era de esperar que Lula se viera cercado por el mercado financiero, ya que el calendario
de amortizaciones en los cuatro años de su gobierno es exigente: 35.900 millones de
dólares para este año; 39.100 millones (2004); 28.100 millones (2005) y 26.700 millones
de dólares (2006). Pero la receta escogida levantó demasiado revuelo y los resultados no
se encuentran a la vista. Para arribar a los pagos acordados para el 2003 la economía se
vio obligada a alcanzar un superávit primario del 4,25 por ciento en el contexto de un
préstamo de 30.000 millones de dólares otorgado por el FMI para el pago de deuda.
El mecanismo adoptado es el mismo que en 1999 le dio buen resultado financiero al gobierno
de F. H. Cardoso. Los gestos de intención de pago ante organismos multilaterales de
crédito y a los ojos de Wall Street son bien vistos por el mercado. Mayores superávit
primarios le permitieron a Cardoso disminuir la exposición de la deuda y conseguir
crédito en el mercado internacional. Ambas cosas están ocurriendo ahora, con la
diferencia que el crédito externo es menor.
El poder interno de Brasil se percató de lo receptivo que se tornó Lula ante las
extorsiones de los mercados. Por lo que aplicó una teoría muy utilizada en las
relaciones internacionales, llamada la escala de los extremos, donde, en este caso, si uno
consigue algo, la igualdad de derecho le permitiría lo mismo al otro.
Ante los ataque empresarios en los medios a través del vicepresidente J. Alencar, Lula
está anteponiendo la economía a la política, aferrándose más a una receta que, aunque
sus resultados han sido sobreactuados hasta ahora, es mala y muy parecida a la
implementada por su antecesor F. H. Cardoso. Recordemos que si bien Lula no ganó en la
primera vuelta de las elecciones presidenciales, el 70 por ciento del pueblo brasileño
votó en primera vuelta en contra de la política económica implementada por Cardoso por
la vía de diferentes partidos. Asimilar la imagen del líder petista a la de su
predecesor es obra de los industriales, pero les conviene a los financistas y al ala más
liberal de gobierno.
Si las políticas ortodoxas implementadas por el Ministerio de Economía obtienen buenos
indicadores macroeconómicos a expensas del crecimiento, quienes proponen el ajuste
constante y la bicicleta financiera se habrán impuesto a los que predican un crecimiento
basado en el impulso de la demanda interna, con una mayor generación de empleo y una más
justa distribución del ingreso. En esta disputa interna no sólo se encuentran en juego
los lineamientos futuros de la política económico de Brasil, sino de gran parte de las
variantes económicas que puedan implementar los países vecinos. Sí un líder
carismático y progresista, con una inmensa base social y 55 millones de votos, baila al
son del FMI, poco queda para los demás países de la región. |
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